Sergio Lavandero

Facultad de Educación

De acuerdo con la OCDE, Chile ha logrado ampliar el acceso a la educación y avanzar en la equidad, pero enfrenta el desafío de dar un salto en la calidad. Aunque todavía supera el promedio de América Latina, sigue bastante por debajo de los estándares de la OCDE. En este contexto, la Universidad de Chile tiene un gran desafío, capitalizar en los avances logrados en el ámbito de las pedagogías y de la investigación en educación en los últimos años y crear una Facultad de Educación.

Formar a quienes forman el futuro

La calidad del sistema educativo debe estar a la altura del nivel formativo de los profesores. Hoy, dados los recientes cambios tecnológicos y sociales , la formación en pedagogía no está plenamente alineada con las exigencias del siglo XXI, marcadas por una creciente digitalización y la irrupción de la inteligencia artificial, Estas transformaciones tecnológicas redefinen tanto qué como cómo enseñamos.

Formar profesores en todos los niveles de la educación implica preparar profesionales capaces de integrar estas herramientas, adaptarse al cambio y educar en pensamiento crítico, creatividad y ética digital. Como universidad pública, debemos liderar un nuevo pacto por la formación docente: atraer talento con disposición para enfrentar ese desafío, fortalecer la formación y vincular tempranamente la práctica con escuelas reales.

No basta con formar profesores; debemos formar líderes educativos en todo el sentido del liderazgo. Fortalecer la formación docente es clave para un país más justo y con futuro.

Actualmente, la formación de profesores en la Universidad de Chile está fragmentada, fundamentalmente, en cuatro facultades: Ciencias Sociales, Filosofía y Humanidades, Ciencias y Artes. Esta dispersión, heredada del desmantelamiento de la sede oriente de la Universidad de Chile en 1981, genera, entre otros,  tres problemas críticos que limitan nuestro potencial:

Un estudiante de Pedagogía en Matemáticas recibe su sello de la Facultad de Ciencias, mientras que otro de Pedagogía en Lenguaje lo recibe de la Facultad de Filosofía. No existe una "casa común" donde se forje una identidad compartida del profesor que egresa de la Universidad de Chile.

Falta de identidad
y cohesión

La investigación en educación se encuentra dispersa en las facultades de Filosofía y Humanidades, de Ciencias, de Ciencias Sociales y en el Instituto de Educación. Esta división impide alcanzar un nivel que dialogue con las políticas públicas y compita por fondos basales y centros de excelencia.

Investigación educativa
dividida

Un/a profesor/a no solo necesita saber su disciplina, sino también didáctica, gestión escolar, psicología educacional y prácticas intensivas. Una estructura fragmentada vuelve logísticamente complejo lo que debiera ser un único hilo conductor.

Incapacidad para articular el ciclo formativo completo

Casos de éxito

La evidencia internacional es contundente. Las universidades que lideran la formación docente en el mundo —desde Harvard y Stanford hasta Michigan y University College London— han centralizado sus programas de pedagogía en facultades dedicadas exclusivamente a la educación. Lo mismo sucede con las universidades líderes en Latinoamérica, evidenciando que la educación es una disciplina y actividad complejas que requieren su propio ecosistema especializado.

Facultad de Educación en la Universidad de Chile

La Universidad de Chile tiene el deber histórico de liderar la formación docente en el país. Mantener las pedagogías dispersas nos condena, en el mejor de los casos, a contar con «excelentes departamentos de pedagogía», pero no con una Facultad de Educación de clase mundial. Crear una Facultad de Educación no es imitar a otros; es reconocer que la educación merece el mismo estatus, los mismos recursos y la misma autonomía que Medicina, Derecho o las Ciencias.
Su creación permitirá:

Cumplir con nuestra misión institucional:

Formar los mejores profesores de nivel inicial, escolar y secundario del país.

Contribuir a mejorar la formación de profesores en todas las universidades públicas.

Aportar evidencia comparada y práctica para la definición de políticas públicas educacionales.

Contribuir a mejorar la educación en los establecimientos escolares públicos

Liderar a nivel nacional y con reconocimiento internacional en la investigación disciplinaria y desde el aula

Una Facultad de Educación no se justifica solo por el pregrado, sino que también debe albergar educación continua mediante cursos de especialización, diplomas, magísteres y doctorados que trabajan de manera articulada con la formación inicial.

PROYECTO DE FACULTAD DE EDUCACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE NUESTRO SUEÑO Y MISIÓN

Formular y llevar adelante un proyecto institucional que, por su envergadura e impacto, sea también un proyecto país: crear la mejor Facultad de Educación en Chile, que contribuya a redefinir y mejorar radicalmente la formación inicial de profesores, así como impulsar la investigación y la creación en los ámbitos educacionales clave, contribuyendo al desarrollo de la disciplina con estándares internacionales.

Este proyecto requerirá generosidad y sentido de país. Debe ser asumido como una tarea colectiva de toda la Universidad, porque en ello está en juego el futuro de nuestros niños y niñas, especialmente de quienes ven en la educación pública su principal oportunidad de desarrollar sus talentos.

No se trata solo de crear una Facultad de Educación; se trata de redefinir el sistema de formación docente en Chile. Y eso, en la Universidad de Chile, es —y debe ser— un proyecto país, no solo institucional.

Implementar una Facultad de Educación con estándares internacionales es una inversión de alta complejidad que trasciende la mera construcción de salas de clase. Para cumplir con los criterios de la OCDE y de organismos de acreditación de prestigio, se requiere un ecosistema que integre investigación, tecnología educativa y redes globales.

Para la Universidad de Chile, la estimación debe hacerse con lógica institucional real (no genérica), incorporando la gobernanza universitaria, los tiempos públicos y las restricciones presupuestarias.  Un modelo óptimo para la U. de Chile debería integrar: capacidades académicas presentes en diferentes facultades, el programa de postgrado en educación, la formación continua docente con impacto, escuelas asociadas e investigación.

Su localización debería estar en el Campus Juan Gomez Millas y debería ser una facultad muy integrada y transversal con las demás disciplinas de la U, esto debería ser un sello diferenciador y con lazos muy estrechos con las diversas ciencias y las humanidades y las ciencias sociales de la U pues ninguna otra universidad puede hacerlo como nosotros.

El proyecto debe contemplar un consejo consultivo con integrantes de todas las disciplinas de la U, para coadyuvar en la discusión y evaluación de la integración y transversalidad buscada.

Además, debe contemplar aspectos de infraestructura, gobernanza (Senado + Consejo Universitario), sostenibilidad financiera, masa crítica académica con compromiso de contratar nuevos académicos con doctorados de buen nivel en las diferentes áreas de la educación en un determinado periodo, plan de colaboración con un par de universidades de gran prestigio mundial en educación, programas de perfeccionamiento para académicos/as que quieran mejorar su formación académica mediante sabáticos nacionales o internacionales,  articulación con el sistema escolar y establecer red de colegios públicos con los cuales hacer investigación desde el aula, pasantías, tutorías, prácticas docentes.

Proyecto de fortalecimiento en las facultades de origen

Entendemos que esta
transformación debe ser justa. Las facultades que hoy albergan pedagogías han realizado una labor invaluable y acompañada de inversiones, su situación financiera se complica porque se quedan sin matrículas y sus menores ingresos requerirán compensaciones que el proyecto de la Facultad de Educación debe contemplar con un plan de de apoyo en este campo para cada una de ellas: la Facultad de Ciencias Sociales, la Facultad de Ciencias y especialmente la Facultad de Filosofía y Humanidades. Esta última, por ser la unidad más sensible, tendrá medidas extraordinarias para su fortalecimiento, que acordaremos de forma realista con sus comunidades.

Estimaciones de inversión

A continuación, se mencionan órdenes de magnitud, pues los montos efectivos serán debidamente cubicados)
a) Inversión inicial: incluye infraestructura (US$40–80 millones), equipamiento más tecnología: (US$5–15 millones), instalación académica (contratación inicial): US$5–10 millones.
Total: US$50–100 millones. b) Costo operacional anual: Planta académica + gestión: US$10–18 millones/año.

Recursos económicos

Estos provendrán la reconversión de activos previo estudio externo, donaciones del sector privado, exalumnos, negociación con gobierno, ahorros del sistema central y recursos producto de la reducción de deuda del hospital clínico, entre otros.

Fases del proyecto

Diseño estratégico y político gradual y participativo. Definición institucional (Senado, Rectoría, Consejo). Alineación con Plan de Desarrollo Institucional: Tiempo estimado 6 – 12 meses.

Proyecto de factibilidad técnico-económica (clave). Incluye: demanda (matrícula, país), modelo académico (pedagogía + investigación), evaluación financiera, localización: Tiempo estimado 12 meses.

Formulación y aprobación institucional. Aprobación Senado Universitario, evaluación financiera central, priorización en cartera de inversiones: Tiempo estimado 12 meses.

Diseño arquitectónico y licitación: anteproyecto, diseño definitivo, licitación pública: Tiempo estimado 24 meses.

Construcción. Obra gruesa + habilitación: Tiempo estimado 36 -48 meses.

Los invito a que, unidos, construyamos el proyecto país más importante que la Universidad de Chile debiera emprender, pues incide en el problema más estratégico del país: la educación inicial y escolar pública.

Si no lo hace nuestra Universidad, ¿quién lo emprenderá?

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